Thatcher, Reagan y sus mejores frases a favor de la libertad: “Curar la enfermedad británica con el socialismo fue como tratar de curar la leucemia con sanguijuelas”

El conservadurismo moderno comenzó a comprender que darle más poder al Estado no era realmente la solución a todos los males
President Reagan meeting with Prime Minister Margaret Thatcher of the United Kingdom in the Oval Office.
11/16/1988 President Reagan meeting with Prime Minister Margaret Thatcher of the United Kingdom in the oval office (Photo: White House)

Durante siglos fueron los peores enemigos, cuando las ideologías comenzaron a robustecerse y los teóricos iniciaron el camino de darle una estructura a sus creencias, no había nada más alejado que el conservadurismo y el “liberalismo” —que por cuestiones utilitarias y para evitar confusiones entre el término anglosajón y el hispano, hemos decidido llamar en este escrito “libertarismo”—.

El liberalismo clásico, libertarismo, o libertarianismo, a propósito de su concepción, estima que el Estado debe tener una participación casi inexistente o nula en la economía, opinión muy contraria a la manejada por el conservadurismo clásico, que, por sus posturas estatistas, estaba incluso más cerca de las raíces socialistas intervencionistas.

No obstante, la evolución de la política, el crecimiento de los movimientos progresistas, y la cada vez mayor intromisión del Estado en los asuntos privados de los ciudadanos, incluyendo en temas familiares, educación, religión, entre otras cosas, ha obligado a algunos pensadores conservadores a replantearse el tema de las atribuciones que otorgamos a los Estados, y el rol que deberían jugar los políticos en nuestras vidas.

Es cierto que, por posturas tan distanciadas, hace un siglo era realmente imposible pensar que las vertientes de pensamientos libertarias y conservadoras podrían llegar a unirse, sin embargo, como en la política nada es estático, y la evolución de las sociedades nos obligan a forjar nuevas alianzas y reinterpretar nuestras creencias, considero que, no solo es necesaria una alianza entre el conservadurismo moderno y el libertarismo, sino que, para poder sobrevivir, ambos movimientos se necesitan mutuamente, de lo contrario, están condenados a la extinción por parte del avasallador izquierdismo moderno.

Para nadie es un secreto que el libertarismo es de todo menos popular, podríamos nombrar cientos de razones por las cuales los movimientos libertarios no logran aglutinar una cantidad importante de electores en países clave, entre ellas claro está, su falta de emociones y excesivo racionalismo, que evidentemente darían respuesta a la gran cantidad de males que agobian nuestros países, sin embargo, lamentablemente el Laissez—faire, es completamente antipopulista, lo cual también se puede leer como antipopular, y un político que instigue a sus electores a dejar las cosas en manos del mercado, no genera la misma pasión que aquel que se arrodilla ante ellos y les promete bajarle el cielo con las manos, y utilizar todo su poder para convertir pueblos de zinc en paraísos en tierra.

El conservadurismo, por otra parte, si ha sido mucho más popular, empujado en gran parte de Occidente por los valores católicos, ha sabido mantener durante décadas cierto equilibrio entre intervención estatal y mercado, a su vez, también ha ocasionado otros males, como por ejemplo las economías mercantilistas, alta burocracia, corrupción, nepotismo, entre otras cuestiones que no entraremos a analizar en este segmento. Sin embargo, lo que en algún momento llegó a estar diseñado, supuestamente con la intención de proteger a las familias, los valores culturales y religiosos occidentales, hoy ha sido secuestrado por el izquierdismo moderno, y dicha estructura de poder se está utilizando, precisamente para destrozar los cimientos del conservadurismo.

Durante décadas el conservadurismo apalancado en la fe católica ejecutó ciertos programas de redistribución de riquezas, sin llegar a atacar directamente a los empresarios o al mercado, pues esta vertiente de pensamiento comprendía que, en orden de poder defender las estructuras familiares, la economía debía ser fuerte para que el hombre proveedor pudiese lograr su cometido de proteger a su familia. No obstante, esta premisa aplicada durante muchos años pronto empezó a desviarse, y esa misma estructura burocrática que antes respaldaba y/o defendía los valores tradicionales de nuestra cultura occidental, repentinamente comenzó a atacarla, inspirada en los principios del marxismo tradicional y el neomarxismo.

De pronto, el Estado y su poder comenzó a ser utilizado para atacar eso que antes juraba defender: la familia, la religión, y la propia economía; los efectos de esta transformación la vemos en Estados Unidos, donde actualmente los sistemas de escuelas públicas, financiados por los contribuyentes americanos, enseñan a los hijos de su nación a odiar a su propio país, a rebelarse contra sus padres, y a crear una estructura social insostenible, problemática e incendiaria.

El conservadurismo moderno comenzó a comprender que darle más poder al Estado no era realmente la solución a todos los males, hace un par de décadas apareció Reagan y Thatcher, quienes lamentablemente tras una grandiosa irrupción en la política mundial, fueron siendo dejados en el olvido por representantes de un conservadurismo más clásico.

Precisamente, Reagan nos dejó frases que inmortalizó su pensamiento:

  • “El gobierno no soluciona los problemas, los subsidia”.
  • “Las mejores mentes no están en el Gobierno. Si hubiera alguna, el sector privado las robaría”.
  • “La primera obligación del Gobierno es proteger a la gente, no dirigir sus vidas”.
  • “¿Cómo describes a un comunista? Es alguien que lee a Marx y Lenin. ¿Y cómo describes a un anticomunista? Es alguien que entiende a Marx y Lenin”.
  • “El Gobierno es como un bebé. Un canal de alimentación con un gran apetito por un lado y ningún sentido de la responsabilidad por el otro”
  • “La visión del Gobierno sobre la economía se podría resumir en unas pocas frases cortas: si se mueve, ponle impuestos; si se sigue moviendo, regúlalo. Y si deja de moverse, subsídialo”.
  • “La mejor política social es un empleo”.

Y, sin duda alguna, la mejor frase de todas a mí parecer:

  • “Las nueve palabras más terroríficas en lengua inglesa son: ‘Soy del Gobierno y aquí estoy para ayudar’”.

Margaret Thatcher también marcó huella en la historia y se convirtió en todo lo que el izquierdismo moderno rechaza o intenta ocultar: una mujer independiente, que dominó la política mundial sin hacer de la victimización la base de su discurso, y que llegó a ejercer el poder debido a su inteligencia, capacidad y preparación, no debido a alguna cuota de representación minoritaria o de género.

Thatcher, que ejerció como primera ministra del Reino Unido por el Partido Conservador desde 1979 a 1990, basó sus programas económicos en los postulados de Milton Friedman; disminuyó los impuestos sobre la renta, aumentó las tasas de interés para desacelerar el crecimiento de la oferta monetaria y combatir la inflación, y, además, recortó el gasto estatal para disminuir la presencia del Estado en la vida privada y las decisiones de sus ciudadanos.

La “Dama de Hierro”, como fue apodada por la prensa internacional, además inició una serie de privatizaciones con el propósito de remediar el mal estado de las empresas públicas. Algunas de las frases históricas de Thatcher fueron:

  • “El socialismo fracasa cuando se les acaba el dinero de los demás”.
  • “La libertad se destruirá a sí misma si no se ejerce dentro de algún tipo de marco moral, algún conjunto de creencias compartidas, alguna herencia espiritual transmitida a través de la Iglesia, la familia y la escuela”.
  • “Toda familia debería tener derecho a gastar su dinero, después de impuestos, como lo desee y no como lo dicta el Gobierno. Extendamos la elección, extendamos la voluntad de elegir”.
  • “Curar la enfermedad británica con el socialismo fue como tratar de curar la leucemia con sanguijuelas”.
  • “Por cada pacificador idealista que esté dispuesto a renunciar su autodefensa en favor de un mundo libre de armas, hay al menos un guerrero ansioso por explotar las buenas intenciones del otro”.
  • “Algunos socialistas parecen creer que las personas deberían ser números en una computadora del Estado. Creemos que deberían ser individuos. Todos somos desiguales. Nadie, gracias a Dios, es como los demás, por mucho que los socialistas pretendan lo contrario. Creemos que todos tienen derecho a ser desiguales, pero para nosotros todos los seres humanos son igualmente importantes”.
  • “Cuanto más grande es la porción que toma el Gobierno, más pequeño es el pastel disponible para todos”.
  • “Hay diferencias significativas entre la versión estadounidense y europea del capitalismo. El estadounidense tradicionalmente enfatiza la necesidad de un gobierno limitado, regulaciones ligeras, impuestos bajos y máxima flexibilidad del mercado laboral. Su éxito se ha demostrado sobre todo en la capacidad de crear nuevos puestos de trabajo, en los que siempre tiene más éxito que Europa”.

Esta última frase de Thatcher lamentablemente hace referencia a un Estados Unidos que actualmente no existe, ese en el que, el capitalismo funcionaba con muy poca intervención del Estado, impuestos bajos, y alta flexibilidad laboral; hoy la economía estadounidense está contaminada de regulaciones y llena de burocracia.

Emmanuel Rincon

Emmanuel Rincón es un escritor y abogado con premios literarios internacionales y 8 libros publicados. Es CEO de Informe Orwell y la consultora política Regional Renaissance

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