¿Por qué las ciudades fronterizas de Estados Unidos son ricas y las de México pobres pese a compartir población y cultura?

Muchos de los territorios que hoy forman parte de los Estados Unidos de América, pertenecieron hace no muchos años a México
Foto de Max Böhme en Unsplash

Es común escuchar en el relato socialista que la pobreza de los países latinoamericanos se debe a la “opresión imperialista”, el “intervencionismo yankee”, o cualquier otro exabrupto sin sostén. La verdad no hay demasiado trasfondo o razonamiento lógico, es sencillamente una consigna vacía que busca incentivar la dinámica del victimismo para responsabilizar a terceros de las propias desgracias bajo la falacia del resentimiento estableciendo que la riqueza de unos origina la pobreza de otros, como si la riqueza tuviese un tope y no se multiplicara día tras día con el trabajo.

Los colonizadores españoles sí podrían tener cierta responsabilidad en la instauración de un sistema político y económico de saqueo, pero a decir verdad ya han pasado cientos de años, y los únicos culpables de que América Latina sea hoy una región con elevadas tasas de pobreza son los propios latinoamericanos.

La razón por la que en el norte son ricos y en el sur pobres, es porque arriba la sociedad presionó para la creación de instituciones libres y la democratización del capital, y generaron una política de incentivos privados sin la intervención del Estado que premió a los emprendedores y trabajadores norteamericanos; a diferencia de lo que ocurrió en el sur, que, a pesar de sus fracasos, jamás quiso enderezar el rumbo y se permitió que las elites continuaran secuestrando el mercado.

Muchos de los territorios que hoy forman parte de los Estados Unidos de América, pertenecieron hace no muchos años a México, bajo el Tratado de Guadalupe Hidalgo de 1848, México cedió a los Estados Unidos más de la mitad de su territorio, en lo que hoy conforma los estados de California, Nevada, Utah, Nuevo México, Texas, Colorado, Wyoming, Kansas, Oklahoma y partes de Arizona; 172 años después las diferencias en calidad de vida, salubridad, ingresos per cápita y educación, son muy superiores a las del promedio de las personas que se mantuvieron del otro lado de la frontera en México, los cuales de hecho durante las últimas décadas han arriesgado sus vidas para poder cruzar esa frontera y formar parte del sistema estadounidense.

San Antonio, Texas. Foto de weston m en Unsplash

El estado de Chihuahua en México que es zona fronteriza con los Estados Unidos, más específicamente con Texas, tiene un PIB per cápita es de 9.753 dólares, mientras que con solo cruzar la frontera el PIB per cápita en Texas aumenta a 47.722, se multiplica casi por cinco; esto demuestra que las desigualdades enormes entre ambos países, nada tiene que ver con la cultura, el clima, o la geografía, sino con el sistema político y económico que se ha implementado en ambos países —estatismo contra libertad—.

Esto también lo esgrime Carlos Rangel en su ensayo de manera puntual:

Los norteamericanos van a tomar del mito del Mundo Nuevo el optimismo, la confianza en sí mismos como destinados para construir una sociedad mejor que la europea, donde deberá existir la igualdad social y de oportunidades, y donde tendrán vigencia los derechos humanos juzgados naturales por el liberalismo, tales como la vida, la libertad y la posibilidad de procurar cada cual la felicidad. Abrigan la esperanza, que ellos se van a comprometer a hacer certeza, de que América sea propicia a ese proyecto, no por predestinación mítica o providencial, sino por estar libre de la costra de costumbre y privilegio que mantenía a la sociedad europea presa de estructuras opresivas y rígidas en lo político, lo social y lo económico”.[1]

Monterrey (Foto de Daniel Lozano Valdés en Unsplash)

Pero, no nos quedemos en América, vayamos a otras latitudes, con otras culturas, otras realidades, geografías y climas.

Cuando los alemanes perdieron la Segunda Guerra Mundial en el año 1945, sus territorios fueron divididos en zonas de ocupación, una administrada por Gran Bretaña, otra por Francia, otra por Estados Unidos y una última por Rusia. En 1947 la zona estadounidense se unió con la británica creando la “Bizonia”, y unos meses después se anexaría Francia creando la “Trizonia”.

En 1949 ya en el contexto de la Guerra Fría, y tras los esfuerzos de Rusia por mantener su influencia y sistema político en la zona alemana ocupada promulgan el nacimiento de la “República Democrática Alemana”, también conocida como Alemania Oriental o Alemania del Este; este país al mando de los soviéticos instaló un Estado socialista que fue gobernado por el Partido Socialista Unificado de Alemania (SED), quienes promovieron una fuerte intervención en la economía, los precios y sueldos eran establecidos y subsidiados por el Estado, un obrero ganaba el mismo salario que un médico, esto provocó una gran escasez de bienes de primera necesidad, se nacionalizaron todas las empresas, las personas se inscribían en listas para comprar un carro y tardaban hasta 15 a 20 años en que alguno les fuera adjudicado.

Mientras tanto, la República Federal de Alemania bajo la influencia de Estados Unidos le abrió las puertas al capitalismo y las libertades, rápidamente el crecimiento anual empezó a rondar el 7 %, a finales de la década de los 50, luego de la gran guerra y la destrucción de su infraestructura, Alemania Occidental ya era una de las economías más fuertes del mundo, lo que provocó que los ciudadanos de la Alemania soviética comenzarán a migrar, por lo que el Partido Socialista Unificado de Alemania decidió restringir la salida del país a sus ciudadanos y levantar el famoso Muro de Berlín.

El desastre de la Alemania Oriental fue absoluto, sus controles arruinaron la economía y terminaron prohibiendo y restringiendo las libertades más básicas de las personas para permanecer en el poder, hasta que no pudieron contener más la catástrofe y en el año 1989 se vieron obligados a decretar la demolición del muro. Un año después se anunció la “reunificación de las dos Alemania”, aunque lo que sucedió en la realidad fue que la Alemania Occidental absorbió a la fracasada República socialista oriental.

Durante las casi tres décadas que el muro estuvo en pie fueron miles los ciudadanos de la Alemania Oriental que intentaron cruzarlo para irse a vivir a la Alemania Occidental, miles fueron detenidos y otros cientos asesinados en la misión.

En la actualidad, treinta años después de la reunificación de las dos Alemania, el PIB de la zona oriental se ha estancado un 70 % en relación con el oeste del país, y su recaudación fiscal es de apenas el 60 % en la media federal; los estragos del socialismo y el gran intervencionismo en la economía siguen afectando la vida de los alemanes en esta zona.

Como los territorios de Estados Unidos con México, y las dos Alemania, hay otros ejemplos que demuestran como el estatismo arruina las naciones, las dos Coreas son otro ejemplo más.

Corea estuvo invadido por Japón desde 1910 hasta 1945, año en que son derrotados en la Segunda Guerra Mundial junto a los alemanes, aquí ocurrió lo mismo que en las Alemania, el país se dividió en dos y la zona norte quedó a cargo de los soviéticos y el sur de los estadounidenses. 

Hoy Corea del Sur es uno de los países más ricos e innovadores del mundo, a pesar de no contar con recursos naturales, su economía de mercado ha permitido el desarrollo de grandes empresas como Samsung y LG que son gigantes de la tecnología, y Kia, una de las marcas de autos más importantes en el planeta. Esto ha consolidado a Corea del Sur como uno de las potencias económicas y tecnológicas del mundo, a pesar de que territorialmente su país no está ni entre los 100 más grandes, su economía está en los primeros 15 lugares, mientras que sus vecinos del norte, donde se instauró una economía comunista hoy se encuentran en el ostracismo.

De Corea del Norte no se tienen mayores datos ni medidores económicos debido a la falta de libertad de expresión en el país y el totalitarismo, no se publican indicadores oficiales desde hace años, al igual que en la Alemania Oriental se prohibió la salida de sus ciudadanos del país y se vive en absoluto hermetismo sin conocer las condiciones de vida reales de sus ciudadanos, sin embargo, existen cientos de denuncias en organismos internacionales y por parte de prensa internacional de hambrunas, desapariciones forzosas y violación de derechos humanos.

En definitiva, el problema de América Latina y otras partes del mundo no se debe a su cultura, a su genética, a sus geografías, a su religión, ni mucho menos al “imperialismo”, la única razón por la que nuestras economías continúan deprimidas y la pobreza se multiplica es por el intervencionismo del Estado y sus regulaciones, que lejos de favorecer a los pobres, lo que hace es perpetuar sus miserias. 


Este artículo forma parte del libro de Emmanuel Rincón «El hombre jugando a ser Dios«, lo pueden encontrar en el siguiente enlace.

Emmanuel Rincon

Emmanuel Rincón es un escritor y abogado con premios literarios internacionales y 8 libros publicados. Es CEO de Informe Orwell y la consultora política Regional Renaissance

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