La nueva derecha debe rechazar el engrandecimiento del Estado y el orden globalista que desea controlar nuestras vidas

Si la izquierda en su espectro más amplio decide agruparse alrededor del poder del Estado para monopolizar el funcionamiento económico, sus contrarios ideológicos no pueden/deberían copiarles
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Si la derecha, movimientos libertarios—conservadores, o como deseen denominarse, quieren realmente trazar un margen de diferenciación con la izquierda, debería rechazar el poder absoluto del Estado como principio y como fin. El mensaje político que debería brindarse desde las estructuras políticas que conciben la libertad como única forma de convivencia, es precisamente el de la independencia y autodeterminación de los individuos; es decir, oponerse por completo a los hombres que juegan a ser Dios y que esperan usar la política como un trampolín para hacer cumplir sus deseos, disfrazados de intereses de toda la sociedad.

La nueva derecha que combine los valores conservadores y el enfoque económico de libertarios debería trabajar por reducir la intromisión del Estado en el funcionamiento social, mientras fortalece a los individuos, familias y comunidades, con la intención de crear nuevos hombres y mujeres que no conciban al Estado como un repartidor de dadivas, sino como una institución que administra la justicia cuando de transgresiones de la ley se trata.

La derecha conservadora y libertaria debe oponerse de manera radical a cualquier tipo de movimiento autoritario que intente reducir las libertades individuales, debe practicar como prioridad la disciplina fiscal, buscar un equilibrio en las balanzas de gastos e ingresos para el Estado, y procurar reducir la carga impositiva en los ciudadanos que gobierna al mínimo posible, tratando siempre de conseguir la mayor eficiencia en el uso de los recursos públicos.

Si la izquierda en su espectro más amplio decide agruparse alrededor del poder del Estado para monopolizar el funcionamiento económico, sus contrarios ideológicos no pueden/deberían copiarles. El mensaje intrínseco que bridan los gobiernos estatistas es que los ciudadanos son demasiado tontos para hacerse cargo de su propio dinero, y de su propia salud y educación, por tanto, ellos deben quitarles una buena parte de sus ingresos para poder gestionar el pago de sus actividades de vida, mientras dejan una jugosa comisión en manos de los burócratas del gobierno en el camino.

La economía parasitaria se desarrolla en torno a este concepto, en el que crece el número de dependientes estatales y empleados públicos, mientras disminuye la iniciativa privada, con el propósito de crear tantos dependientes estatales que le asegure al partido de turno los votos suficientes para una reelección.

El mensaje libertario—conservador debe partir por la máxima de que cada hombre y mujer es lo suficientemente inteligente y capaz para hacerse cargo de su propia vida, su propio dinero, y debe tener a su vez, la potestad de tomar las decisiones que más convenientes considere con respecto a su salud, educación y la de su familia.

A principios del 2022 hice un experimento en Miami (Florida), salí a la calle y le pregunté a 12 personas si consideraban que la educación y la salud debía ser gratuita, 11 de ellas me respondieron que sí, inmediatamente les preguntaba que quién debía pagar la cuenta y contestaron sin dudar que el Gobierno, entonces les pregunté, ¿y de quién sale el dinero con el que el Gobierno paga estas cosas? —De nuestro bolsillo—, respondió la mayoría, hasta allí, las preguntas—respuestas surgían según lo planeado, pero entonces, realicé una última pregunta que descolocó a todos.

  • ¿Entonces tu consideras que los políticos están mejor capacitados que tú mismo para gastar tu propio dinero?
  • No, claro que no.
  • Pero consideras que la salud y educación debe ser gratuita, para que eso funcione, deberías darle la mayor parte de tus ingresos a los políticos para que ellos a su vez den ese dinero a burócratas e intermediarios y que paguen por las cosas que podrías hacer tú sin la necesidad de todos esos intermediarios.

Luego de eso, muchos empezaron a reír y a tratar de retractarse de sus respuestas anteriores, otros trataban de mantener sus puntos de vista, pero caían en severas incongruencias durante sus justificaciones. Creo que no debe haber una sola persona en la faz de la tierra que confíe ciegamente en los políticos, y mucho menos, una que piense que son eficientes con el uso del dinero público y/o que están más capacitados para manejar el dinero de nosotros mismos, mejor que, valga la redundancia, nosotros.

Evidentemente mi pequeño experimento por las calles de Miami no tiene un sustento científico, ni conforma una muestra lo suficientemente amplia para desarrollar una teoría al respecto, pero me inclino a pensar que usted, que está leyendo este libro en este momento, no considera que el político A —de derechas—, el político B —de centro—, o el político C —de izquierda—, tienen la capacidad, la potestad y la honradez para hacer un uso del dinero que usted se ha ganado trabajando arduamente, mejor que usted mismo; por ello, el único camino es reducir la cantidad de dinero que manejan y las potestades que se les otorgan a dichos políticos.

A ningún ser humano le gusta que se le trate como un incapacitado mental, y esto es precisamente lo que hacen los colectivistas/socialistas cada vez que empujan por la centralización del poder y facultades en torno a las ramas del gobierno, limitando la actividad privada de los ciudadanos. Más allá de las luchas culturales—sociológicas, que vendrán y seguirán viniendo, en términos económicos el mensaje debe ser claro: menos poder para el Estado es más poder para los ciudadanos.

Evidentemente y pese a que la historia ha demostrado una y otra vez, que los gobiernos son tan solo una gran corporación con los incentivos equivocados y de muy bajo rendimiento, siguen siendo, un mal necesario para mantener las estructuras sociales, y para que ello se sostenga, requiere, evidentemente de dinero, razón por la que los impuestos nunca van a dejar de existir. Sin embargo, a lo que se debe apuntar es precisamente a que los mismos sean lo más reducidos posible, y para ello, lo más conveniente es aplicar un sistema de tributación único.  

Nota del editor: Este artículo forma parte del nuevo libro de Emmanuel Rincón publicado por Gaveta Ediciones en España, el libro completo puedo adquirirlo a través de este enlace, o en las librerías de España.

Emmanuel Rincon

Emmanuel Rincón es un escritor y abogado con premios literarios internacionales y 8 libros publicados. Es CEO de Informe Orwell y la consultora política Regional Renaissance

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