La Administración Biden debería apoyar inequívocamente a Machado en lugar de estar levantando sanciones a Maduro: Marco Rubio

La incapacidad de la Administración Biden sobre este tema es vergonzosa. El recompensar las mentiras de un tirano abusivo y sus aliados narcotraficantes es malo tanto para Venezuela como para EE.UU.
Foto de Ronal Labrador en Unsplash

El 31 de octubre, el secretario de estado de EE.UU. Antony Blinken, testificó ante el Congreso. Fue una visita poco común, así que aproveché la oportunidad para preguntarle a Blinken el por qué la Administración Biden le ha levantado sanciones al régimen de Nicolás Maduro en Venezuela cuando todos sabemos que el narco-dictador no tiene intención de ceder el poder.

La respuesta del secretario Blinken fue típica. EE.UU. levantó las sanciones, dijo, para recompensar a Maduro por aceptar “un camino a seguir hacia las elecciones libres y justas”, y que se volverán a imponer esas sanciones si se viola dicho acuerdo. El problema es que el acuerdo ya había sido violado. Un día antes del testimonio de Blinken, el Tribunal Supremo de Justicia de Maduro, el cual el narco-dictador llenó de sus aliados políticos en el 2015, declaró nulas y sin valor las elecciones primarias de la oposición.

El hecho que la Administración Biden creyera que las cosas serían diferentes, sumándole su falta de respuesta y/o acciones tras la violación de Maduro, revela mucho. Por un lado, muestra la creencia fanática de los demócratas que el alivio preventivo de las sanciones puede cambiar el comportamiento de los regímenes autoritarios, aunque toda la evidencia históricamente indique lo contrario.

Esta creencia es más notable en la relación de la administración con Irán, un país cuyos representantes ahora están atacando a las tropas estadounidenses en el Medio Oriente. Pero se extiende mucho más allá de eso, por ejemplo en las relaciones de esta administración con China, Cuba y, evidentemente, Venezuela. El Congreso de EE.UU. ha establecido condiciones claras para la terminación de las sanciones a Maduro, pero los demócratas continúan aliviando esas medidas antes que se cumplan esas condiciones. Es al revés, porque la eficacia de las sanciones depende que los países crean que las acciones reales, y no las promesas vacías, son la única manera de obtener alivio.

El enfoque de la Administración Biden también muestra un profundo malentendido sobre quién realmente es el narco-dictador de Nicolás Maduro y qué lo motiva. Maduro no es un líder cuya principal preocupación sea el bien común de su pueblo. Él es un tirano y un criminal cuya principal preocupación es la preservación de su lujoso estilo de vida. Ha cometido crímenes atroces para preservar su gobierno ilegítimo, desde ejecuciones extrajudiciales hasta desapariciones forzosas y torturado a miles de venezolanos. Para él, no hay mayor amenaza que unas elecciones generales democráticas en las que sus víctimas tengan la capacidad de votar para destituirlo. Maduro hará todo lo posible para evitar que eso suceda.

En otras palabras, ¿por qué deberíamos esperar que Maduro presida elecciones verdaderamente libres y justas cuando la oposición venezolana se ha unido detrás de una candidata, María Corina Machado, que seguramente lo derrotaría si se le permitiera competir en elecciones libres y justas? Y, ¿por qué deberíamos esperar que Maduro deje el poder si la Administración Biden está dispuesta a levantar sanciones en su contra por comportamiento puramente performativo?

Lo que hace que toda esta situación sea aún más loca es el hecho que EE.UU. ha intentado este enfoque antes y ha sido testigo de su fracaso. Este pasado junio, el gobierno levantó las sanciones contra el sobrino de Maduro, Malpica Flores. Este pasado octubre, Biden permitió que otros dos sobrinos del narco-dictador condenados por narcotráfico regresaran a Venezuela. Este pasado noviembre, el Departamento del Tesoro de EE.UU. emitió una licencia especial para que Chevron continúe proyectos conjuntos con el régimen de Maduro. Cada concesión se hizo en respuesta a las promesas de Maduro que tomaría medidas para tener elecciones libres y justas. Cada vez incumplió su parte del trato.

El manual de Maduro es simple: asumir compromisos que el régimen no tiene intención de cumplir, recibir un alivio a sanciones a cambio de esos compromisos y capitalizar rápidamente la atención internacional y las ganancias financieras para solidificar aún más –y financiar– el status quo. La incapacidad de la Administración Biden de ponerse al día sobre este tema es vergonzosa. El recompensar las mentiras de un tirano abusivo y sus aliados narcotraficantes es malo tanto para Venezuela como para EE.UU.

Insto al secretario Blinken y a La Casa Blanca a que adopten un nuevo enfoque: dejen de confiar en Maduro y reconozcan que todas y cada una de las esperanzas de democracia en Venezuela están con respaldar a la oposición venezolana. Aquí hay lugar para un optimismo cauteloso, porque el apoyo a Machado es unificado y fuerte. EE.UU. debería apoyarla a ella y sus esfuerzos por convencer a los venezolanos, incluso a integrantes de bajo perfil dentro del régimen que están mejor en un país sin Maduro.

Deberíamos detener el flujo de concesiones ––abandonar cualquier plan equivocado que la Administración Biden pueda tener para liberar al testaferro colombiano Alex Saab–– porque socavariamos los esfuerzos de Machado cuando la gente cree que Maduro puede conseguir un alivio de sanciones sin tener que convocar a elecciones. La Administración Biden aclaró que las sanciones se volverían a imponer si el narco-régimen de Maduro no permite que Machado sea parte de los comicios presidenciales. De no ser así, el Congreso de EE.UU. pedirá que esta administración rinda cuentas al respecto.

Se acabó el tiempo de la ingenuidad por parte de EE.UU. hacia Venezuela. Desde hace tres años, nuestros líderes han tratado a la dictadura de Maduro como si fueran mucho menos que una banda egoísta y menos predecible de lo que verdaderamente son, y las consecuencias han sido uniformemente negativas. En vez, probemos algo de más sentido común. Es lo que EE.UU. necesita y el pueblo de Venezuela merece.

Marco Rubio

Marco Rubio es senador estadounidense por el estado de Florida y Vicepresidente del Comité Selecto de Inteligencia del Senado.

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