El nacimiento de una conspiración para arruinar América Latina

Fue Fidel Castro quién sembró la semilla en Hugo Chávez que cambiaría para siempre las dinámicas políticas del continente
Fidel Castro. Foto de Ross Sokolovski en Unsplash
Fidel Castro. Foto de Ross Sokolovski en Unsplash

Luego de que Fidel Castro asumiera el poder en Cuba tras la revolución de finales de los años 50, financió y asesoró revoluciones guerrilleras armadas en las principales democracias de la región, como es el caso de Colombia, Venezuela y Nicaragua; fue además partícipe de invasiones armadas en países africanos y asiáticos como Argelia, República Democrática del Congo, Siria, Angola, Etiopía, e intentó desestabilizar fallidamente Panamá y República Dominicana; desde ese momento ya estaba claro que Fidel iba por todo, sin embargo, la región y también Washington tardó mucho tiempo en comprenderlo.

En el año 1970 ocurriría la primera elección por la vía democrática de un gobernante marxista en Sur América, se dio en Chile con la elección de Salvador Allende, quién según la CIA recibió en su momento 350.000 dólares de Cuba para financiar su campaña y 400.000 de la Unión Soviética.

Apenas al tomar el poder, Salvador Allende hizo todo lo que debe hacerse para quebrar la economía de un país:

— Estatización de las áreas claves de la economía.

— Nacionalización de la Gran Minería del Cobre.

— Aceleración de la reforma agraria (la bandera de todo régimen socialista).

— Congelamiento de los precios de las mercancías.

— Aumento de los salarios de todos los trabajadores, pagándolos con emisión de billetes sin respaldo aplicando las teorías keynesianas.

En muy poco tiempo el izquierdista generó en Chile una hiperinflación, además de provocar escasez de alimentos y las famosas filas para comprar comida que han sido tan recurrentes en Cuba y en Venezuela. La popularidad de Allende se vino abajo en un par de años por la crisis económica y comenzó un clamor general de la sociedad chilena para pedirle al ejército que derrocará al socialista.

En 1973, tras tres años de gobierno, Augusto Pinochet encabezó un golpe de Estado contra Salvador Allende, quien al verse rodeado terminó disparándose en la barbilla suicidándose.

Luego de la trágica finalización de los hechos, Augusto Pinochet tomó el poder e instaló una dictadura que duraría más de 17 años, que dejó números estupendos de crecimiento económico y sentó las bases de la Chile de hoy en día, la nación más avanzada de América Latina; sin embargo, las torturas y asesinatos por parte de la dictadura de Pinochet a los comunistas, también sembraron las bases de un discurso cada vez más cargado de municiones para implantar la imagen sanguinaria de la derecha que hoy aduce el izquierdismo.

A raíz de las reiteradas violaciones de derechos humanos por parte de las dictaduras militares y las profundas desigualdades sociales en América Latina, fueron creciendo los movimientos marxistas. Inspirados en la revolución cubana, y en muchas ocasiones también financiados por ella, crecieron guerrillas comunistas en Colombia, como las FARC, y en Venezuela donde se crearon las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional. 

Luego de muchos años en los que estas guerrillas comunistas fueron derrotadas, y la Unión Soviética fuera desmantelada por su propio fracaso económico, Fidel Castro junto a Lula da Silva impulsaron en el año 1990 el Foro de Sao Paulo, para expandir el cáncer ideológico en la región. Según los bases fundacionales del mismo, el foro se constituyó para reunir esfuerzos de los partidos y movimientos de izquierda, para “debatir sobre el escenario internacional después de la caída del Muro de Berlín y las consecuencias del neoliberalismo en América Latina y el Caribe”.

Sin embargo, los primeros años del Foro pasaron sin pena ni gloria, tal como la izquierda radical en el continente, hasta que Fidel Castro descubrió en Hugo Chávez su nuevo mártir, y por ello, tras ser liberado de la cárcel por el fallido intento de golpe de Estado al presidente Carlos Andrés Pérez, invitó a Chávez a Cuba para dictar una conferencia sobre el “bolivarianismo”.

En ese momento Hugo Chávez estaba casi en la quiebra, se mantenía con una pensión que le había dejado el ejército y vivía en el garaje de un arquitecto amigo suyo llamado Nedo Paniz. A pesar de ser para ese entonces un “don nadie”, Fidel Castro recibió a Hugo Chávez con alfombra roja en el aeropuerto de La Habana, le ofreció trato de Jefe de Estado y selló la alianza que más adelante le ayudaría a exportar la miseria de la isla a otras naciones.

En diciembre de 1998 Hugo Rafael Chávez Frías sería electo presidente de la República en Venezuela con el 56.3 % de los votos, muchos factores incidieron en esta pasmosa elección, pero principalmente, la corrupción de los partidos tradicionales en Venezuela (Acción Democrática y COPEI) uno de corte socialdemócrata y otro socialcristiano (izquierda moderada), combinados con la colaboración inocente de la prensa venezolana de aquel entonces.

Tras años de fallidos intentos de intervenciones armadas, Fidel Castro encontró en Hugo Chávez su principal benefactor al ser electo presidente, su aliado perfecto para financiar y expandir el cáncer socialista en América Latina.

La asunción de Hugo Chávez al poder otorgó una cartera económica suficientemente amplia para afianzar el auge ideológico marxista en el continente; producto de esto, en los años siguientes el Foro de Sao Paulo se fue llenando ya no de partidos, sino de Estados con representaciones partidistas.

En 2002 sería electo en Brasil Lula da Silva (uno de los fundadores del Foro) del Partido de los Trabajadores; en 2004 ganaría la presidencia en Uruguay Tabaré Vázquez del Frente Amplio; seguiría Bolivia en el 2005 con la elección de Evo Morales por el Movimiento al Socialismo en Bolivia; Michelle Bachelet en el 2006 del Partido Socialista de Chile; Rafael Correa (Alianza País) por Ecuador y Daniel Ortega (Frente Sandinista de Liberación) en Nicaragua ese mismo 2006; en los años siguientes los partidos de gobierno con representación en el Foro de Sao Paulo seguirían creciendo, con la elección de Fernando Lugo de Paraguay y la Alianza Patriótica para el Cambio, Mauricio Funes del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional de El Salvador en 2009, y Ollanta Humala por el Partido Nacionalista de Perú en 2011. A esto se podría sumar el gobierno argentino presidido por los Kirchner, que si bien no fueron miembros directos, estuvieron alineados ideológicamente y económicamente con el Foro de Sao Paulo, y en especial, con el gobierno de Hugo Chávez y posteriormente Nicolás Maduro.

En definitiva, fue Fidel Castro quién sembró la semilla en Hugo Chávez que cambiaría para siempre las dinámicas políticas del continente, reconduciendo al pasado y al fracaso a varios países de la región, y además, siendo silentes y cómplices en los organismos internacionales de las aberraciones, fracasos económicos y represiones contra ciudadanos de países que ya han transmutado en tiranías, como es el caso de Venezuela, Nicaragua y Cuba.

Que el apogeo del Foro de Sao Paulo se haya dado con la llegada de Hugo Chávez al poder y que el declive del mismo también se dé, justo después de su muerte, no es para nada una casualidad. El comandante supo y pudo cohesionar la bandera socialista en la región debido al exceso de liquidez que le otorgaban las reservas de petróleo más grandes del planeta tierra, con un barril de petróleo en más de 100 dólares durante casi la mayoría de su mandato; no existieron límites para el financiamiento de medidas populistas dentro y fuera de Venezuela, además de la compra de conciencias en países de América y el Caribe, que siempre supieron retornar favores en silencio cuando se discutían los rompimientos de derechos humanos en los organismos internacionales.

Tras el temprano fallecimiento de Hugo Chávez producto de un cáncer, su legado quedó en manos de Nicolás Maduro Moros, a quién muchos quieren achacarle por completo la culpa del fracaso revolucionario en Venezuela, para intentar aliviar de culpas al comandante, pero sobre todo, al socialismo. Lo cierto es que cuando Maduro recibió el país de Chávez, ya se había ejecutado un quiebre que permitió anular el principio de la separación de los poderes, el estatismo ya había hecho de las suyas apoderándose de la propiedad privada para exprimirla y luego quebrarla, la empresa petrolera ya había sido destruida y saqueada, y todo el dinero recaudado en estas operaciones de saqueo, fue repartido en bolsas de comida para la población, y en el financiamiento de la extensión ideológica del socialismo en el continente, que lo único que dejó en Venezuela fue hambre, lágrimas, muerte, una economía devastada, y ningún tipo de infraestructura.

Para poner en números el fracaso del socialismo en Venezuela, bastaría con decir que al llegar Hugo Chávez al poder en 1998, PDVSA producía 88 barriles diario por empleado, en la actualidad produce menos de 6 por trabajador, según datos ofrecidos por el economista y exmiembro principal del directorio de la compañía estatal, José Toro Hardy. Con una nómina mucho menor PDVSA producía en aquel entonces 3.279.000 barriles diarios, número muy superior a los aproximados 700.000 de hoy en día, de los cuales, unos 100 000 son regalados a Cuba. Así, el resultado que arroja el declive de PDVSA, se traduce en que en la actualidad la producción anual ronda los 255.500.000 barriles, a diferencia de los 1.196.835.000 barriles anuales, una pérdida de producción de más del 80 % y billones de dólares.

Este rotundo fracaso del motor financiero de Venezuela, se ha reproducido en el remanente de sectores productivos del país: el constructor, automotor, productor de alimentos, agricultor, textil, empresarial, turístico, financiero, y así sucesivamente, en todos los campos en los que la mano estatal ha intervenido quebrando por completo la economía, produciendo una hiperinflación histórica y llevando a Venezuela a convertirse en la mayor catástrofe migratoria de la historia de América Latina.

Si bien es cierto que el terror a verse en el espejo de Venezuela, ha agitado conciencias en el continente y ha permitido el retorno de gobiernos que defienden el libre mercado en la región, otra de las naciones más importantes, como México, sucumbió ante el socialismo que recién aflora con López Obrador al mando, en otro país petrolero con una gran cartera monetaria capaz de financiar el auge del movimiento, desde donde han fundado recientemente el “Grupo de Puebla”, un nuevo “foro político” conformado por varios expresidentes socialistas y líderes de izquierda.

Nota del editor: Este texto fue publicado inicialmente en el libro de Emmanuel Rincón: «La reinvención ideológica de América Latina«.

Emmanuel Rincon

Emmanuel Rincón es un escritor y abogado con premios literarios internacionales y 8 libros publicados. Es CEO de Informe Orwell y la consultora política Regional Renaissance

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