El fantasma del neoliberalismo en América Latina

El problema fundamental del libre mercado para quienes desean imponer gobiernos autoritarios es que brinda a las personas una serie de herramientas, oportunidades, además de poder adquisitivo, que genera un obstáculo enorme para el poder absoluto
Foto: Eneas de Troya en Flickr. Edición: Informe Orwell

“Es culpa del neoliberalismo”, lo hemos escuchado en México, en Venezuela, en Argentina, y en gran parte del hemisferio occidental, cada vez que algún político no logra con sus intervenciones a la economía resolver algún problema, achaca de inmediato aquello a la falta de control estatal.

El neoliberalismo ha sido la excusa para exculpar a una gran cantidad de líderes occidentales de los desastres que generan con sus gestiones gubernamentales, pero, ¿qué es realmente el neoliberalismo? Es un fantasma creado por los detractores de las libertades individuales, el neoliberalismo es en sí la práctica del libre mercado en las relaciones humanas y comerciales, y ese libre mercado es ante todo la naturaleza humana en su máxima expresión, hombres y mujeres cooperando y negociando entre sí libremente, sin imposiciones, ni prohibiciones impuestas por terceras partes ajenas a relaciones privadas.

El problema fundamental del libre mercado para quienes desean imponer gobiernos autoritarios es que brinda a las personas una serie de herramientas, oportunidades, además de poder adquisitivo, que genera un obstáculo enorme para el poder absoluto por parte de un grupo político. Los bienes de producción en manos privadas, la democratización de la riqueza y la abundancia de oportunidades elimina por completo la falacia del Estado Pater familias, deja sin trabajo a los parasitarios planificadores centrales y arruina la dinámica del hombre jugando a ser Dios.

Pero el libre mercado, o como gustan de llamarle sus detractores, el “neoliberalismo”, va mucho más allá de ser una simple transacción económica; en sí, la práctica del libre mercado, o la mano invisible, es también una filosofía de vida que construye una serie de comportamientos sobre los que reposan nuestras sociedades.

La destrucción del libre mercado crea toda una serie de patrones sociológicos que dan forma a una psique colectiva, cuando el Estado o cualquier otra institución interfiere para “igualar” a la fuerza a dos actores con méritos, esfuerzo y preparación distintas, están mitigando la libre determinación de los individuos. En ese sentido, cuando las empresas —por imposición estatal— establecen cuotas de género o raza para rellenar perfiles profesionales, están alterando las dinámicas de un mercado libre. Cuando un Estado determina que hay que quitarle dinero a los ricos para que sea “repartido” entre los pobres, están generando una serie de reacciones en cadena que fomenta el parasitismo estatal y desestimula la creación de riqueza.

Por todas estas razones para los Estados colectivistas es indispensable derribar la mentalidad del laissez faire, pues el victimismo no puede ir de la mano con el libre mercado, y en sociedades donde la victimización no sea un pilar consolidado, el Estado no podrá hacer uso de la demagogia para saquear las riquezas de los privados y secuestras las libertades individuales en el nombre de “la justicia social”.

En el momento en el que le hacen creer a toda una masa social que “las desigualdades” son nocivas, que algunos tienen más porque otros tienen menos, y que la sociedad se divide en opresores y victimas, inmediatamente abren la puerta a la intervención de un Estado regulador que se encargará de sanear todas las “injusticias” que percibe esa masa social, que cada vez clamará por un mayor intervencionismo y la limitación de libertades individuales, para poder “igualar” a todos los individuos.

En sí, con la destrucción del libre mercado también se sepulta la meritocracia, y esto a su vez propiciará un efecto cascada que irá acabando con la competitividad, la excelencia, y conducirá de forma irremediable a la mediocridad a nivel educacional, empresarial, y por último lugar, a la aniquilación de las economías; es entonces cuando las naciones entran en la fase Venezuela o Cuba, donde el hambre, la cárcel, la migración o la tumba son las únicas opciones que quedarán en el nuevo mercado de miserias.

Este texto forma parte del libro de Emmanuel Rincón: El hombre jugando a ser Dios.

Emmanuel Rincon

Emmanuel Rincón es un escritor y abogado con premios literarios internacionales y 8 libros publicados. Es CEO de Informe Orwell y la consultora política Regional Renaissance

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