Crisis de Guyana pone a prueba las prioridades en política exterior de la Administración Biden

Como la mayoría de los dictadores fallidos que contemplan una agresión internacional, Maduro busca desviar la atención de lo que acontece internamente en Venezuela
Fotos originales (Gage Skidmore en Flickr e Isabela Kronemberger en Unsplash). Diseño: Informe Orwell

Guyana, un país en Sudamérica del tamaño del estado de Idaho, bien podría convertirse en el próximo foco de tensión global. Esto puede sorprender a muchos, si no a la mayoría, de los norteamericanos que no están familiarizados con la historia y la geografía de Guyana. Pero la naturaleza de las cadenas de suministro actuales significa que cualquier país bendecido con recursos naturales vitales puede convertirse en un actor clave de la economía global, incluyendo a Guyana.

Lo que está en juego es la amenaza del narco-dictador venezolano Nicolás Maduro que busca apoderarse, por la fuerza si es necesario, del territorio de Esequibo, el cual es rico en recursos naturales y representa casi dos tercios de la porción continental de Guyana.

Maduro convocó a un referéndum para reclamar fraudulentamente la soberanía sobre la zona del Esequibo en diciembre. También, activó al personal militar con el pretexto de una invasión. Por ahora, Maduro ha acordado no utilizar la fuerza. Pero aquellos que conocen cómo opera este narco-dictador saben que sus promesas son falsas.

Como la mayoría de los dictadores fallidos que contemplan una agresión internacional, Maduro busca desviar la atención de lo que acontece internamente en Venezuela y también proyectar una fuerza en el extranjero, todo esto mientras se enriquece aún más.

El país tiene las reservas de petróleo más grandes del mundo y debería ser una de las naciones más ricas del mundo; en cambio, se encuentra entre los más pobres porque Maduro ha destruido a Venezuela mediante sus tácticas de represión y su incompetencia. Desde el 2014, el producto interno bruto del país se ha reducido en tres cuartas partes y la moneda todavía enfrenta una inflación de alrededor 360%. El hecho que la economía venezolana esté ahora mejorando levemente es sólo una señal de lo mal que esos índices estaban.

El caso de Guyana es todo lo contrario. En el 2015, ExxonMobil y sus socios descubrieron que la nación contaba con las cuartas reservas de petróleo más grandes del mundo. Inmediatamente, Guyana fortaleció los lazos con empresas norteamericanas, que ahora están invirtiendo fuertemente en la extracción de petróleo a largo plazo. Esto ya ha inyectado más de $1,600 millones de dólares a una economía de menos de un millón de personas. Para el 2040 esto significará más de $150 mil millones de dólares al año.

Éstas son buenas noticias para el pueblo guyanés. Pero también representa un desafío para la política exterior de la Administración Biden.

En los últimos tres años, los asesores del presidente Biden buscaron normalizar las relaciones con el narco-régimen criminal de Maduro. Enviaron una delegación secreta a Caracas, levantaron las sanciones a la industria petrolera en Venezuela y liberaron a los narco-sobrinos de Maduro, así como al notorio testaferro Alex Saab.

Lamentablemente, el gobierno otorgó todas estas concesiones mientras Maduro seguía deteniendo a ciudadanos norteamericanos y albergando a los narcoterroristas de las FARC y del ELN. Esto envía el mensaje nocivo de que el mal comportamiento será recompensado. Si la Casa Blanca continúa por este camino, las consecuencias podrían ser desastrosas para EE.UU., el pueblo venezolano y Guyana.

Hasta la fecha, la Administración Biden ha brindado cierto apoyo a los guayaneses. Aviones de combate procedentes de EE.UU. han estado realizando operaciones conjuntas con la Fuerza Aérea de Guyana, y el Departamento de Estado acordó ayudar a la ex-colonia británica a “crear un ejército más organizado y mejor equipado en los próximos meses”. Todos estos son pasos productivos, de acuerdo con las recomendaciones que hice después que me reuní con el presidente de Guyana, Mohamed Irfaan Ali, en septiembre del año pasado. Todas estas medidas favorecen en gran parte al interés nacional de EE.UU.

Sin embargo, el presidente Biden debe comunicarle al público estadounidense por qué estas acciones son de nuestro interés nacional. Empezando por el hecho que el norteamericano no desea ver a ningún país soberano invadido por un país hostil. En términos prácticos, Guyana posee algunos de los recursos más importantes del siglo 21, recursos que Maduro aprovecharía para usarlos en contra de EE.UU. y optaría por canalizar en beneficio de nuestros adversarios si tuviese la oportunidad. Recuerden que Maduro patrocina a narcoterroristas antiamericanos, trabaja con regímenes totalitarios como los de Cuba y Nicaragua y se ha vuelto el títere de China, Rusia e Irán.

Guyana tiene aproximadamente 11 mil millones de barriles de petróleo, miles de millones de dólares en oro y una particular cadena de suministro de recursos naturales como la de bauxita (el mineral que se utiliza para producir aluminio y galio, dos componentes minerales vitales para la tecnología moderna) los cuales no están controlados por China. Si Maduro toma posesión del Esequibo, todos estos recursos y aún más, serían accesible para adversarios como Pekín, no para aliados como EE.UU. y, ¿de qué sirve sustentar la producción nacional de productos electrónicos, por ejemplo, y al mismo tiempo fortalecer efectivamente a un régimen criminal que pretende ayudar a China a monopolizar el control de materiales básicos (en este caso, la bauxita)?

Si EE.UU. a lo largo del siglo 21 desea mantener su postura de liderazgo con sus aliados en la región, necesitamos que Guyana se mantenga como un país libre y soberano. Que dictadores como Maduro sean disuadidos y que las cadenas de suministro en su totalidad, desde las minas hasta las líneas de ensamblaje, sean seguras. Guyana, a sólo cuatro horas de vuelo desde EE.UU., es una prueba seria para la Administración del presidente Biden. Una en la que este gobierno no puede darse el lujo de cometer errores.

Marco Rubio

Marco Rubio es senador estadounidense por el estado de Florida y Vicepresidente del Comité Selecto de Inteligencia del Senado.

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