¿Cómo pasó Israel de ser una economía socialista a una de libre mercado y cuál fue la influencia de Netanyahu en el proceso?

Netanyahu dijo que el sector público se había convertido en un “hombre gordo apoyado sobre la espalda de un hombre delgado” y que, si Israel quería tener éxito, tendría que invertir los papeles
Netanyahu encendiendo las velas de Hanukkah la primera noche en el despacho del primer ministro en Jerusalén con su esposa, Sara, y sus hijos, Yair y Avner, 1996.
Netanyahu encendiendo las velas de Hanukkah la primera noche en el despacho del primer ministro en Jerusalén con su esposa, Sara, y sus hijos, Yair y Avner, 1996. By Government Press Office (Israel), CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=22811453

El Estado de Israel, desde su creación en 1948, ha sido gobernado por catorce figuras políticas que han ocupado el cargo de primer ministro. Once de dichos líderes nacieron en territorios pertenecientes al antiguo Imperio Ruso; dos de ellos en territorios pertenecientes a la palestina otomana y la palestina del mandato británico, y solo uno de ellos ha nacido en suelo israelí.

A partir de 1949, la diáspora judía dispersa en Europa y el mundo musulmán, empezó a migrar al nuevo país a engendrar su hogar nacional, ahora de manera masiva, asentándose en los territorios asignados en la Resolución 181 adoptada por Naciones Unidas en 1947. En tres años y medio, la población de este pequeño territorio en el Oriente Medio se duplicó con la llegada de sobrevivientes del Holocausto y comunidades judías de Estados satélites de la Unión Soviética, pero también, del resto de Europa, África, Asia y América.

Fueron judíos de Bielorrusia, Kiev y la Polonia Rusa los que tomaron las riendas del naciente estado, y no sería sino hasta el año 1996 que se da una excepción en esta cronología del poder, cuando Benjamin Netanyahu asume el rol de primer ministro. Un privilegio en el curso natural de la historia, pues fue el primer político en dicho cargo en haber nacido en el país hebreo.

Cuando Israel se convierte en un Estado independiente contaba con una población de aproximadamente 650,000 habitantes. Un año y cinco meses posterior a su creación, nacía en Tel Aviv una figura decisiva en la futura evolución y consolidación económica, tecnológica y política de la nación, un hombre que ha gozado de la excepcionalidad en diversos aspectos. Benjamín Netanyahu no solo es el primero en su cargo en haber nacido en Israel, sino también el más joven en ser electo y el que ha ocupado el puesto por el periodo más extenso.

Hacer un briefing de su proyecto profesional es una tarea intrincada. Su trayectoria es extensa, robusta y ecléctica. Benjamin ha sido un estudiante de arquitectura en el MIT, un líder de la oposición política, un consultor de economía, un estudiante de ciencias políticas en Harvard, un diplomático en Washington D.C, un representante de Israel en la ONU, un Ministro de Asuntos Exteriores, y también de Finanzas, un consultor de empresas de alta tecnología, un miembro de las Fuerzas de Defensa de Israel, y el Primer Ministro de su nación. Ciertamente, serán los israelíes del futuro los que decidan en que aspectos reposará predominantemente su legado. En esta oportunidad, veremos en una fase menos controversial, su labor en la construcción de una de las economías más sólidas del mundo.

Jaffa Harbour,, Israel. Foto de Shai Pal en Unsplash

Primeros avances hacia la libertad económica

Para brindar un poco de contexto, es preciso mencionar que Israel no siempre fue un país rico, no siempre practicó el capitalismo, no siempre fue financieramente eficiente y no siempre tuvo mercados ultra-competitivos. Durante parte de su existencia, Israel ha sido dependiente del capital extranjero, ha sido liderado por marxistas de pura cepa, y su esencia económica ha sido quizá más afín al comunitarismo de kibutz que a una economía diseñada por Friedman y Hayek.

Por otro lado, están los críticos que tienden a reducir las causas de su éxito económico a las inyecciones de capital extranjero que consolidaron el state-building israelí, habiendo sido este un factor crucial en su periodo de industrialización y construcción de sus fuerzas armadas. Si bien los lazos diplomáticos con las democracias occidentales y el soporte económico que ha emanado de Estados Unidos ha sido crucial para Israel, los factores que han influido en la transformación de esta nación en un Estado prematuramente poderoso y desarrollado, han sido también el reflejo de una grandiosa transformación en la toma de decisiones redirigida hacia la liberalización de su economía.

 Para un pequeño país con unas pocas décadas de existencia, las sólidas finanzas de Israel son una muestra de lo que una población educada, una economía libre y un liderazgo eficiente pueden lograr. Sus indicadores económicos le llevaron a iniciar negociaciones con la OCDE en 2007 y para septiembre de 2010, Israel ya era miembro del club de los países más ricos y desarrollados del mundo. Pero para lograr esto, los israelíes tuvieron que erradicar de su sistema las políticas socialistas que durante años retrasaron el crecimiento y coartaron la competitividad que hoy caracteriza a sus sectores productivos, siendo pioneros en innovación y tecnología, y superando a países como Alemania y Corea del Sur en dicha materia.

Las primeras reformas que apuntaron hacia una liberalización económica de Israel, tuvieron lugar en la administración de Shimon Peres, el octavo primer ministro de la nación, quien asumió el cargo en 1984. Su toma del poder se dio al final de la década que prosiguió a la Guerra de Yom Kippur (1973) y que se consideró una década perdida en términos económicos. Para el año 1984 Israel tenía una inflación del 400% y se esperaba que alcanzara el 1000% en el plazo de un año. En respuesta, Peres impulsó el Economic Stabilization Program, una serie de reformas que en menos de dos años lograron reducir la inflación por debajo del 20% fusionando políticas de libre mercado, control temporal de precios y reducción del gasto público. También se limitó la capacidad del Banco Central para imprimir dinero y se levantaron restricciones a las importaciones, lo que progresivamente redujo los precios. Si bien Israel necesitaba más reformas estructurales, podemos decir que las políticas de Shimon Peres sentaron las bases para la transición de este país hacia una economía moderna.

En la década de 1990, casi 800.000 inmigrantes de la antigua URSS llegaron a Israel, convirtiéndole en un centro receptor de capital humano altamente calificado, acogiendo a científicos e ingenieros que estuvieron listos para inaugurar la nueva era tecnológica. En los noventas, la inversión extranjera directa (IED) alcanzó un nivel significativo debido a la rápida expansión de los sectores de alta tecnología y telecomunicaciones.

Este repunte en la economía israelí, se vio interrumpido por los estragos causados por la segunda intifada y el colapso de los mercados tras el dotcom bubble. Según informes del Banco Mundial, Israel pagó un alto precio, experimentado un declive del 9% del PIB real per cápita entre septiembre de 2000 y diciembre de 2002. En 2003, el Banco de Israel estimó que los costes de la intifada habían sido de entre 3.000 y 3.600 millones de dólares. Ese mismo año, Benjamin Netanyahu acepta el cargo de Ministro de Finanzas, habiendo ejercido previamente como Primer Ministro del 96 al 99, y como Ministro de Asuntos Exteriores de 2002 al 2003.

Israel se consolida como una economía de libre mercado con la influencia de Netanyahu

Cuando el primer ministro Ariel Sharon (su rival dentro del Likud Party) le ofreció dirigir el ministerio de finanzas, algunos expertos divisaron en dicha oferta una estrategia política. Netanyahu había sido eficaz en el manejo de los asuntos exteriores, y ahora le entregaban las riendas de un ministerio que no se encontraba en su mejor momento. En 2002, la economía llevaba más de dos años en recesión, y no tenía pronóstico de repunte. Su nuevo rol no auguraba un aumento de su popularidad. Inicialmente rechazó el cargo, pero terminó por aceptarlo tras negociar su control absoluto sobre las decisiones en materia económica. Tras un mes en el cargo, Netanyahu anunció el Economic Recovery Plan.

Durante esta época se empieza a forjar en Israel una economía menos dependiente del capital extranjero. Entre 2003 y 2005, Netanyahu dirigió reformas de privatización de importantes industrias, impuso severas reducciones al gasto público y prestaciones sociales, reformó el sistema de pensiones, impulsó una reducción de subvenciones públicas al sector privado, reformó el mercado de capitales, luchó contra monopolios, y recortó impuestos. Israel se volcaba inequívocamente hacia una economía de mercado, llegando mucho más lejos en términos de liberalización que su antecesor Shimon Peres. Durante su mandato, la inversión extranjera ha alcanzado niveles récord y las cifras de desempleo han descendido al igual que los niveles de deuda. Netanyahu ha buscado consolidar en Israel una independencia financiera lo suficientemente sólida que le permita maniobrar libremente en su política exterior, siendo la seguridad y la economía factores indivisibles dentro de su proyecto político.

Bandera de Israel
Foto de Taylor Brandon en Unsplash

Desde que volvió a ocupar el cargo de primer ministro en el 2009 hasta el año 2020, el PIB per cápita creció un 60%. Según informa la Oficina Central de Estadística, la tasa de desempleo de Israel cayó a un mínimo histórico de 3,1% en agosto de 2023. Desde el 2009 Israel también puso en marcha un programa de capacitación de solicitantes de empleo, el cual empezó a proporcionar formación profesional a trabajadores israelíes no cualificados para los sectores industrial y de servicios, incentivando a los empleadores con subvenciones por cada trabajador entrenado y contratado. Según el Índice de Competitividad Fiscal Internacional (ITCI), que mide los sistemas tributarios de los 38 países de la OCDE en el fomento de la competitividad, Israel se encuentra dentro de las diez naciones más eficientes en tributación. Para Benjamin Netanyahu, potenciar el sector privado ha sido claramente una pieza clave de su proyecto de gobierno.

En una conferencia televisada años atrás, Netanyahu explicó a sus oyentes que el sector público se había convertido en un “hombre gordo apoyado sobre la espalda de un hombre delgado” y que, si Israel quería tener éxito, tendría que invertir los papeles a base de recortes de impuestos y recorte del gasto público. Continuó explicando que “el sector privado crea la mayor parte del valor agregado en las economías y es el motor de la creación de empleo y el crecimiento económico. Lleva al sector público a sus espaldas y paga por ello”.

En el contexto histórico en el que nos encontramos, es imposible no ser foco de controversia si eres el líder de una nación como Israel, un país que ha acumulado poderío, repotenciado su seguridad, edificado sus finanzas y disminuido su vulnerabilidad en una región hostil a su mera existencia. A pesar de los avances y acuerdos de paz que existen con diversas naciones árabes el problema central de sus adversarios es que desde 1948 Israel existe y ha hecho todo (lo aceptable y lo inaceptable) por perpetuar su existencia y la de sus ciudadanos. Los israelíes se enfrentan a una ideal aferrado a la psique de sus antagonistas y a una meta que no se limita a debilitar al enemigo económicamente o alienarlo dentro de la región. Erradicar a Israel de la faz de la tierra es la meta suprema que persiguen sanguinarios dictadores y grupos terroristas a pocos kilómetros de su capital. La responsabilidad que conlleva el cargo es incuantificable, los daños colaterales atroces y las alternativas impensables.

Oriana Palma

Licenciada en Relaciones Internacionales, ha trabajado en la Organización de Estados Americanos (OEA), Pan American Development Foundation (PADF) y la Organización International para las Migraciones (IOM). Actualmente es asistente legislativa en el Senado de Florida.

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