Activista de izquierda se arrepiente y confiesa la verdad sobre la transición de género en menores: “Creí que los salvaba, pero lo que hacen es medicamente espantoso”

“Dejé la clínica en noviembre del año pasado porque ya no podía participar en lo que allí ocurría. Cuando me marché, estaba segura de que la forma en que el sistema médico estadounidense está tratando a estas pacientes es lo contrario de la promesa que hacemos de no hacer daño. Por el contrario, estamos perjudicando permanentemente a los pacientes vulnerables a nuestro cuidado”.
Activistas trans
Foto de Nikolas Gannon en Unsplash

“Hay más de 100 clínicas pediátricas de género en Estados Unidos. Yo trabajé en una. Lo que les ocurre a los niños es moral y médicamente espantoso”, relata Jamie Reed.

“Soy nativa de San Luis, de 42 años, mujer queer y políticamente a la izquierda de Bernie Sanders. Mi visión del mundo ha marcado profundamente mi carrera. He pasado mi vida profesional asesorando a poblaciones vulnerables: niños en acogida, minorías sexuales, pobres”, inicia el relato de Jamie Reed publicado en The Free Press.

Reed, quien está casada con un transexual, cuenta que trabajó durante años en la División de Enfermedades Infecciosas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington con adolescentes y adultos jóvenes seropositivos, y asegura que muchos de ellos se identificaban como trans o personas no conformes con su género.

En el 2018 Reed empezó a trabajar como gestora de casos en The Washington University Transgender Center del Hospital Infantil de San Luis, quienes tenían como premisa que cuanto antes se tratara a los niños con disforia de género, más angustia se podría evitar más adelante.

Como gestora de casos, la mujer relata que coordinó la admisión de al menos mil “jóvenes angustiados” a quienes les recetaron hormonas que pueden tener consecuencias fatales, alterar el curso de la vida y producir problemas de esterilidad. Finalmente Reed renunció:

“Dejé la clínica en noviembre del año pasado porque ya no podía participar en lo que allí ocurría. Cuando me marché, estaba segura de que la forma en que el sistema médico estadounidense está tratando a estas pacientes es lo contrario de la promesa que hacemos de no hacer daño. Por el contrario, estamos perjudicando permanentemente a los pacientes vulnerables a nuestro cuidado”.

La mujer asegura sentir miedo porque sabe que esto le puede acarrear consecuencias: “Hoy alzo la voz. Lo hago a sabiendas de lo tóxica que es la conversación pública en torno a este tema tan polémico y de las formas en que mi testimonio podría ser mal utilizado. Lo hago sabiendo que me expongo a un grave riesgo personal y profesional. Casi todo el mundo en mi vida me ha aconsejado que agache la cabeza. Pero no puedo hacerlo en conciencia. Porque lo que les ocurre a decenas de niños es mucho más importante que mi comodidad. Y lo que les está pasando es moral y médicamente espantoso”.

Falta de procedimientos y la creación de una tendencia

Reed asegura que le sorprendió la falta de protocolos formales de tratamiento: “Al principio, la población de pacientes se inclinaba hacia lo que solía ser el caso «tradicional» de un niño con disforia de género: un niño, a menudo bastante joven, que quería presentarse como -que quería ser- una niña”.

La antigua empleada de Washington University Transgender Center del Hospital Infantil de San Luis, aseguró que hasta 2015 “un número muy reducido de estos niños constituía la población de casos de disforia de género pediátrica”, pero repentinamente empezó a desatarse un repunte de casos en el mundo occidental: “Chicas adolescentes, muchas de ellas sin antecedentes de angustia de género, que de repente declararon que eran transgénero y exigieron tratamiento inmediato con testosterona”.

“Cuando empecé había probablemente 10 llamadas de este tipo al mes. Cuando me fui había 50, y alrededor del 70% de los nuevos pacientes eran chicas. A veces llegaban grupos de chicas del mismo instituto”.

Reed asegura que empezó a sentirse preocupaba, pero que temía hablar por miedo a que la llamaran “transfóbica”; la gestora de casos también aseguró que muchas de las chicas que se presentaban tenían diferentes comorbilidades como depresión, ansiedad, trastornos alimentarios y obesidad.

“Con frecuencia, nuestros pacientes declaraban tener trastornos que nadie creía que tuvieran. Teníamos pacientes que decían tener síndrome de Tourette (pero no lo tenían); que tenían trastornos de tics (pero no los tenían); que tenían personalidades múltiples (pero no las tenían)”, agregó.

La extrabajadora hace esta acotación porque asegura que los médicos descartaban muy fácil cualquier síndrome, pero no hacían lo mismo cuando se trataba de la “disforia de género”: “Los médicos reconocían en privado estos falsos autodiagnósticos como una manifestación de contagio social. Incluso reconocieron que el suicidio tiene un elemento de contagio social. Pero cuando dije que los grupos de chicas que acudían a nuestro servicio parecían ser una manifestación de contagio social, los médicos dijeron que la identidad de género reflejaba algo innato”.

La mujer explicó el procedimiento que se sigue para iniciar la transición: “las chicas necesitaban una carta de apoyo de un terapeuta -normalmente uno recomendado por nosotros- al que sólo tenían que ver una o dos veces para obtener luz verde… La siguiente parada fue una única visita al endocrino para que les recetara testosterona”.

Los efectos secundarios y problemas de salud

Reed asegura que la testosterona produce diversos efectos secundarios: “Las voces bajan, la barba brota, la grasa corporal se redistribuye. El interés sexual estalla, la agresividad aumenta y el estado de ánimo puede ser impredecible”, también alegó que después de trabajar un tiempo con adolescentes comprendió que ellos no eran capaces de entender las repercusiones de las decisiones que estaban tomando y los medicamentos que les estaban recetando.

Según su relato a algunos pacientes les recetan Bicalutamida, un medicamento utilizado para tratar el cáncer de próstata metastásico, que tiene entre sus efectos secundarios feminizar el cuerpo de los hombres que lo toman, incluida la aparición de mamas.

El lugar donde trabajaba Reed recetaba este medicamento contra el cáncer como bloqueador de la pubertad y agente feminizante para los varones, y uno de ellos sufrió toxicidad hepática.

En su carta Reed explica detalladamente los diferentes efectos secundarios y problemas de salud que presentaron los adolescentes que fueron tratados para “cambiar de género”.

“Recibir potentes dosis de testosterona o estrógeno -las suficientes como para intentar engañar a tu cuerpo para que se mimetice con el sexo opuesto- afecta al resto del organismo. Dudo que ningún padre que haya dado su consentimiento para administrar testosterona a su hijo (un tratamiento para toda la vida) sepa que posiblemente también le esté administrando medicamentos para la tensión arterial, el colesterol, la apnea del sueño y la diabetes”, aseguró.

Falta de atención a enfermedades mentales

Reed aseguró también que la mayoría de estos niños presentar un estado de salud mental preocupante: “tenían diagnósticos como esquizofrenia, trastorno de estrés postraumático, trastorno bipolar y otros. A menudo ya tomaban un montón de fármacos”.

“Por mucho sufrimiento o dolor que hubiera padecido un niño, o por poco tratamiento y cariño que hubiera recibido, nuestros médicos consideraban que la transición de género -incluso con todos los gastos y dificultades que conllevaba- era la solución”.

La mujer contó el caso de un adolescente de 17 años que había sido internado por abusar sexualmente de perros: “Había tenido una infancia horrible: su madre era drogadicta, su padre estaba en la cárcel y él había crecido en hogares de acogida… planeaba reincidir porque creía que los perros se habían sometido voluntariamente. En algún momento, expresó su deseo de convertirse en mujer, así que acabó siendo atendido en nuestro centro. A partir de ahí, acudió a un psicólogo del hospital que era conocido por dar el visto bueno a prácticamente todas las personas que deseaban una transición. Entonces nuestro médico le recomendó hormonas feminizantes. En ese momento, me pregunté si se estaba haciendo como una forma de castración química”.

Los derechos de los padres

Reed también denuncia las nuevas legislaciones que atentan contra los derechos de los padres y que incluso, en ocasiones, los propios jueces han intercedido a favor de los tratamientos hormonales: “Mis preocupaciones sobre este enfoque de los padres disidentes aumentaron en 2019, cuando uno de nuestros médicos testificó en una audiencia de custodia contra un padre que se oponía al deseo de la madre de comenzar a tratar a su hija de 11 años con bloqueadores de la pubertad. Yo había hecho la llamada de admisión original, y encontré a la madre bastante inquietante. Ella y el padre se estaban divorciando, y la madre describía a la hija como «una especie de marimacho». Así que ahora la madre estaba convencida de que su hija era trans. Pero cuando le pregunté si su hija había adoptado un nombre de chico, si estaba angustiada por su cuerpo, si decía que se sentía como un chico, la madre dijo que no. Le expliqué que la niña no cumplía los criterios para una evaluación”.

La exempleada de Washington University Transgender Center del Hospital Infantil de San Luis prosiguió: “Un mes después, la madre volvió a llamar y dijo que su hija ahora usaba un nombre de chico, que estaba angustiada por su cuerpo y que quería hacer la transición. Esta vez, la madre y la hija recibieron una cita. Nuestros profesionales decidieron que la niña era trans y le recetaron un bloqueador de la pubertad para impedir su desarrollo normal. El padre se opuso rotundamente, dijo que todo esto venía de la madre, y se inició una batalla por la custodia. Tras la vista, en la que nuestro médico testificó a favor de la transición, el juez se puso de parte de la madre”.

Reed aseguró que en el 2021 empezó a recibir criticas por su trabajo y que un médico las encaró diciéndoles que debía “dejar de cuestionar la medicina y la ciencia”, finalmente, renunció.

Esta carta fue publicada por The Free Press en inglés, por la importancia del asunto se tradujo al español gran parte de su contenido. El resto de la historia pueden leerla en su portal.

Ian Orwell

Ian Orwell es el editor en jefe de Informe Orwell, viajó desde el futuro para alertar a la humanidad sobre los peligros del totalitarismo y el colectivismo

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