Por primera vez en décadas, Colombia ha empezado a depender del gas importado para abastecer a sus hogares, marcando un quiebre histórico en la autosuficiencia energética del país. Este cambio, anunciado por Naturgas y concretado este 1 de diciembre, es resultado directo de un déficit que ha venido gestándose bajo las políticas del gobierno del presidente Gustavo Petro.
La dependencia del gas importado pone fin a 45 años de autosuficiencia energética que comenzó con el hallazgo del gas en La Guajira en 1977. El déficit actual, según Naturgas, podría alcanzar un 20,6 % de la demanda total para 2025 y 2026, una situación que muchos atribuyen a las medidas que han desincentivado la inversión en el sector de hidrocarburos y a las políticas restrictivas hacia la exploración y producción.
El impacto de las decisiones políticas
Bajo el gobierno Petro, la industria de los hidrocarburos ha experimentado un fuerte retroceso. Las promesas de transición energética se han materializado en restricciones que han frenado la exploración y explotación de recursos nacionales, afectando la confianza de los inversionistas y provocando la reducción en la oferta de gas.
Además, las decisiones fiscales, como los mayores impuestos a las empresas energéticas, han llevado a una disminución en la inversión en nuevos proyectos de extracción. Esto, sumado a un enfoque que prioriza la importación en lugar de potenciar la producción local, ha resultado en el actual escenario de déficit.
Costos para los colombianos
El uso de gas importado no solo significa una pérdida de independencia energética, sino también un aumento significativo en los costos para los consumidores. El transporte y regasificación del gas natural licuado (GNL) importado encarecen el producto final, afectando directamente el bolsillo de millones de familias colombianas que dependen del gas para cocinar, calentar agua y otras necesidades básicas.
Luz Stella Murgas, presidenta de Naturgas, advirtió que la situación es una «realidad insostenible» y cuestionó la falta de acción del gobierno para evitar llegar a este punto crítico. “El déficit de gas natural no es una narrativa, es una realidad palpable”, señaló.
El futuro energético en duda
Mientras que el gobierno defiende su política energética como un paso hacia la sostenibilidad, expertos y representantes del sector alertan sobre los riesgos de depender cada vez más de las importaciones en un contexto de creciente incertidumbre global.
Ricardo Roa, presidente de Ecopetrol, intentó matizar la preocupación, afirmando que la demanda podría disminuir en el corto plazo debido al fin del fenómeno de El Niño y a ajustes internos en el consumo. Sin embargo, estas proyecciones no han convencido a los gremios, que insisten en la urgencia de medidas concretas para recuperar la estabilidad del suministro.
El inicio del uso de gas importado es un hito que deja al descubierto las consecuencias de un modelo energético que, bajo el argumento de la transición, ha descuidado la autosuficiencia nacional. Las familias colombianas serán las primeras en experimentar las implicaciones económicas de esta decisión, mientras el debate sobre el futuro energético del país se intensifica.




