Simón me quebró

Cuando veía la escena de Simón desesperado tratando de encontrar medicamentos para su amiga enferma, recordé cuando mi madre tampoco encontraba los medicamentos para el cáncer que se la terminó llevando en Venezuela
Simon
Escena de la película Simón, del director Diego Vicentini. Cortesía/Grey's Comunicaciones

No recuerdo cuando fue la última vez que salí llorando de una sala de cine, probablemente haya sido la primera vez.

Es un poco tarde cuando escribo estas líneas, no había tenido la oportunidad de ir a ver la película Simón, dirigida por el cineasta venezolano Diego Vicentini y protagonizada por Christian McGaffney y ayer finalmente pude ir a verla. Quedé destrozado.

No haré una crónica sobre la película, probablemente ya muchos de ustedes la vieron y no hace falta redundar en asuntos técnicos: la cinta es brillante, su producción, diálogo, iluminación, fotografía, actuación, es de alto nivel, no tengo dudas de que, si no fuera por la intervención el régimen venezolano, esta película iría a representar a Venezuela en los Oscar y ganaría la estatuilla de mejor película de habla no inglesa, aunque todos entendemos porqué esto no va a pasar.

Más allá de todo esto, quiero contarles porqué salí destruido.

La verdad, camino al cine no me esperaba demasiado, mis expectativas no eran muy altas. ¿Qué podía contarme esta película que yo no supiera? No mucho, ¿cierto?

Sin embargo, diferentes escenas me revolvieron el estómago, los diálogos me hicieron revivir emociones que mantenía enterradas desde hace años, sobre todo, por esas contradicciones morales que atravesamos todos los que de una u otra forma trabajamos para liberar a Venezuela, y pensábamos que nuestro aporte lograría hacer que recuperáramos a nuestro país —buena parte hemos terminado en el exilio—.

Simón me hizo sentir culpable, ausente, conmovido, y a su vez, racional. ¿Realmente podría yo haber hecho algo para cambiar el país dentro de una prisión del régimen? ¿Tiene alguien la posibilidad de hacerlo? Yo, al igual que millones de venezolanos, atravesé un luto enorme para tratar de distanciarme un poco sobre los procesos políticos de mi país, fue una década muy intensa la que inició en el 2010 en la que me involucré de todas las formas posibles con esta misión: escribí libros y artículos, di entrevistas en medios internacionales, salí a marchar, trancamos calles, combatimos a la Guardia Nacional que nos disparaba para proteger a Maduro, e hicimos todo lo que estuvo a nuestro alcance. No fue suficiente.

El chavismo nos destrozó, a todos de una u otra forma. Cuando veía la escena de Simón desesperado tratando de encontrar medicamentos para su amiga enferma, recordé cuando mi madre tampoco encontraba los medicamentos para el cáncer que se la terminó llevando en Venezuela, mi familia debió buscarlos en Colombia. Toda la película me hizo revivir tragedias personales y emocionales. Sentí dolor por mi país, uno que, la cotidianidad a veces intenta nublar para poder seguir adelante.

Al igual que Simón, en el 2020 yo viví mi último luto por Venezuela, habían sido años demasiado desgastantes, el engaño, la estafa a la que fuimos sometidos bajo el mando de Juan Guaidó me ocasionó demasiado dolor, durante más de un año, todos los días estuve esperando que el régimen de Maduro cayera para poder regresar a mi país, eso nunca ocurrió, la falsa oposición negoció y sigue negociando, una y otra vez con el chavismo, para preservar esa infraestructura criminal que hoy se alimenta y enriquece mediante el narcotráfico, el terrorismo, los ingresos del petróleo que han secuestrado, y la sustracción de la poca riqueza que queda en Venezuela vía impuestos.

La verdad es que, yo no me arrepiento de haberme ido, aunque me duela. Moral y emocionalmente aquello me destruyó a mi y a millones de venezolanos, pero el chavismo se había convertido en un monstruo más grande que cada uno de nosotros. Es un monstruo que incluso se ha expandido a nivel regional a través de una ideología y que hoy, lamentablemente, millones de latinoamericanos no terminan de comprender.

No escribo esto con la intención de justificar algo o generar alguna respuesta, sencillamente, sentí la necesidad de desahogarme tras quebrarme en el cine ayer. Agradecer a Vicentini por crear una película histórica que haya podido condensar y explicar de la forma más sencilla posible, la crisis venezolana, para todos los extranjeros que se les hace difícil comprender qué es lo que ha pasado y porqué, pese a tanta calle, tanta protesta y tanto talento humano, en Venezuela gobierna un grupo de criminales cuya única misión fue enriquecerse alzando las banderas del socialismo, como tantas otras veces ha ocurrido en la historia de la humanidad.

Emmanuel Rincon

Emmanuel Rincón es un escritor y abogado con premios literarios internacionales y 8 libros publicados. Es CEO de Informe Orwell y la consultora política Regional Renaissance

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